¿Por qué el cielo es azul?

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Para saber por qué vemos el cielo de color azul, es necesario tener en cuenta tres factores: la composición de la luz, la atmósfera y la fisiología de nuestros ojos.

  • Composición de la luz. Según Newton, la luz blanca está formada por la suma de todos los colores del arcoíris. Los colores que percibimos son el resultado del reflejo de cierta longitud de onda sobre una superficie y la absorción del resto. Es decir, si vemos un objeto rojo es porque su superficie refleja la longitud de onda del color rojo y absorbe la de los demás colores. La longitud de onda del color rojo es la más larga y la del color violeta, la más corta.
  • La atmósfera. En su camino a la superficie terrestre, la luz del sol atraviesa la atmósfera, encontrándose con minúsculas partículas de polvo y de agua que, al no tener tamaño suficiente para repelar la onda, la desvían ligeramente una y otra vez de su camino original (lo que se conoce como dispersión). Las longitudes de onda azules-violetas son las más cortas y se dispersan en mayor medida, confiriendo al cielo un color violeta-azulado.
  • La fisiología de nuestros ojos. Llegados a este punto, seguro que estás pensando: “Pues yo no veo el cielo violeta; lo veo azul”. Eso es porque, en la retina humana, se encuentran unas células fotoreceptoras llamadas conos, gracias a las cuáles vemos los colores. Estas células son sensibles principalmente al rojo, el verde y al azul y perciben el resto de colores “combinando” estos tres. Como somos más sensibles al color azul que al violeta, percibimos mejor el primero que el segundo.

¿Y por qué al atardecer el cielo se vuelve rojizo?

Los rayos de luz amarillos y rojos no sufren prácticamente ninguna desviación cuando atraviesan la atmósfera, viajan en línea recta y nuestra vista los percibe de color anaranjado. Cuando el sol está situado en la línea del horizonte, sus rayos atraviesan una masa de gases más espesa, lo que aumenta las probabilidades de dispersión y, por tanto, las de que percibamos el cielo rojizo. Del mismo modo, cuando hay un incendio, el aumento de cenizas en el ambiente favorece la dispersión de las ondas que hace que veamos el cielo rojo.

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