¿Cómo aprendemos los colores?

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Aprender los colores

Decir que los limones son amarillos y que el cielo es azul nos parece algo sencillo pero, en realidad, no lo es: conseguirlo requiere un gran nivel de desarrollo visual y lingüístico ¡Nada fácil!

Todo empieza con la luz

>Para poder ver un objeto y sus características (color, forma, detalles), es necesario que los ojos y el cerebro trabajen en equipo. De este modo, la luz que entra a través de las pupilas, aportando toda esa información visual del entorno, llega a las células fotorreceptoras de la retina (conos y bastones), donde se transforma en impulsos eléctricos que, a través del nervio óptico, llegan al cerebro para ser transformados en imágenes. Los conos son las células fotorreceptoras encargadas de detectar el color y se encuentran situadas en una región de la retina llamada fóvea. Cada ojo tiene nos 6 o 7 millones de conos.

En el momento del nacimiento, los ojos del niño son todavía inmaduros, incapaces de procesar toda la información visual que reciben. En las primeras semanas la luz le molesta, percibe las imágenes en blanco y negro y sólo es capaz de ver aquello situado a unos 20 cm de sus ojos. En lo que respecta a los colores, a los dos meses, el bebé ya puede distinguir el rojo y el verde y a los seis meses también percibe el azul y el amarillo.

  • La capacidad visual la permite al bebé “ver” colores desde que tiene pocos meses, pero aún queda un largo recorrido que hacer hasta que sea capaz de identificarlos y de darles el nombre correspondiente.

Los colores se “forman” cuando la luz blanca, compuesta por la suma de todos los colores del arcoíris, incide sobre una superficie y, como resultado, unos rayos son absorbidos por esa superficie, desapareciendo, y otros, son reflejados, dando color a dicha superficie. Esto significa que, cuando percibimos un objeto de color verde, es porque su superficie ha reflejado el verde y ha absorbido todos los demás colores.

Los colores tienen diferentes longitudes de onda: el rojo es el que tiene la longitud de onda más larga y el violeta el que tiene la longitud de onda más corta. Existen tres tipos de conos; los que perciben longitudes de onda cortas (colores azules y violetas), los que perciben longitudes de onda medias (verdes y amarillos) y los que perciben longitudes de onda largas (rojos y anaranjados).

Cuando el color se vuelve palabra

Los niños interiorizan el “concepto” del color entre los 2 y los 4 años. Su capacidad para distinguir colores y ponerles nombre está determinada, en gran medida, por entorno en el que se encuentran, así como la importancia o frecuencia con la que se refieren a ellos las personas cercanas. Los niños esquimales, por ejemplo, son capaces de diferenciar más de veinte colores de blanco y atribuirles un nombre a cada uno de ellos.

Para estimular en los niños el aprendizaje de los colores es bueno enseñarles a establecer asociaciones entre los objetos y su color. Decirles, por ejemplo, que el cielo es azul, como su pelota favorita o que las manzanas son verdes, como el césped le ayudará a comprender el concepto de color.

Si notáis que el niño tiene algún problema para diferenciar colores, podéis pedirle que separe objetos de los tonos que le cuesta distinguir o, también, que ordene objetos de un mismo color según sean más claros o más oscuros. Además, existen multitud de juegos y fichas destinados a mejorar en el niño el aprendizaje del color, adaptados a cada edad.

Designar los colores de los objetos supone todo un reto para el niño, un verdadero logro visual y de lenguaje. ¡Casi nada!

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