Cómo vemos los colores: 21 de Marzo, Día Internacional del Color

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Día Internacional del color

Los colores no existen. El proceso de identificación de colores depende del cerebro y del ojo. Cada persona percibe los colores de forma distinta. Hay personas que tienen mayor dificultad para percibir determinados colores que otras. Cualquier disfunción en el proceso produce un problema de percepción cromática, como el daltonismo. Pero, ¿cómo vemos los colores?

El 21 de marzo se celebra el Día Internacional del Color y la Luz en algunas partes del mundo. Fue establecido en 2008 por la International Colour Association (AIC) reconociendo que el color es uno de los fenómenos más influyentes en la vida de las personas y uno de los canales que contribuye al conocimiento del mundo externo.

Color y luz: relación

Fue Isaac Newton, en 1966, quien realizó los primeros experimentos sobre los colores haciendo pasar por un prisma un rayo estrecho de luz. La luz blanca está formada por colores. Hoy en día se sabe que cada color en el espectro está asociado con una longitud de onda específica. Cuando la luz blanca incide sobre una superficie, una parte del espectro visible es absorbida por ésta y la otra es reflejada y registrada por el ojo humano. Esas ondas de luz reflejadas son las que determinan su color. Los colores absorbidos desaparecen en el interior del objeto, los reflejados llegan al ojo humano. Los colores que visualizamos son, por tanto, aquellos que los propios objetos no absorben, sino que los propagan.

¿Cómo capta el ojo humano los colores?

Cuando las ondas llegan a nuestros ojos forman una imagen en la retina. Las responsables de este proceso son las células fotorreceptoras, conos o bastones. Los bastones recogen el brillo de la imagen, ofreciendo información sobre el contraste. Utilizamos los bastoncillos para ver con escasa iluminación -en la oscuridad todo se percibe como blanco y negro Los conos captan la medida de la onda, es decir, el color. Están situados en una región de la retina llamada fóvea. Cada ojo tiene nos 6 o 7 millones de conos. Hay tres tipos de conos según su sensibilidad a la luz roja, azul y verde. Con estos tres colores básicos nuestros ojos perciben unos 8.000 colores distintos y permite percibir todos los colores del espectro visible (aproximadamente 10 millones de matices o sombras(, muchos más de los que se pueden reproducir en la impresión en cuatricromía.

Los bastones y conos recogen las diferentes partes del espectro de luz solar y las transforman en impulsos eléctricos, que son enviados luego al cerebro a través de los nervios ópticos, siendo éste el encargado de crear la sensación del color.
El ojo percibe también progresiones tonales. Si se divide la escala de tonos entre el negro y el blanco en 65 franjas iguales, el ojo humano puede diferenciar un máximo de aproximadamente 65 niveles de gris.

¿Vemos diferentes los colores en invierno y en verano?

Científicos de la Universidad de York  han establecido nuevas claves sobre cómo los humanos procesan el color, revelando que vemos las cosas de manera diferente en invierno en comparación con el verano.
Los investigadores examinaron cómo cambia nuestra percepción del color entre las estaciones y, en particular, cómo procesamos el color conocido como único amarillo. Los humanos identifican cuatro tonos únicos: azul, verde, amarillo y rojo, que no parecen contener mezclas de otros colores. La conclusión es que nuestra visión se adapta a los cambios en el entorno. En verano, cuando hay una cantidad mucho mayor de follaje, nuestro sistema visual tiene que dar cuenta del hecho de que, en promedio, estamos expuestos a mucho más verde.

Cómo aprendemos los colores

Los colores no existen, la luz se descompone en colores y la percepción del color depende del ojo humano y de cada personas, pero ¿cómo aprendemos los colores?  En las primeras semanas de vida, el bebé percibe las imágenes en blanco y negro y sólo es capaz de ver aquello situado a unos 20 cm de sus ojos. A los dos meses, ya puede distinguir el rojo y el verde y a los seis meses también percibe el azul y el amarillo. Aún queda un largo recorrido que hacer hasta que sea capaz de identificarlos y de darles el nombre correspondiente. Los niños interiorizan el “concepto” del color entre los 2 y los 4 años. Para estimular en los niños el aprendizaje de los colores es bueno enseñarles a establecer asociaciones entre los objetos y su color. Este aprendizaje que se realiza en el entorno familiar permite a los niños esquimales diferenciar más de veinte colores de blanco y atribuirles un nombre a cada uno de ellos.

La percepción de los colores, como hemos visto, depende de nuestros ojos y de cómo se descompone la luz. Cada persona percibe los colores de una forma diferente. En la infancia aprendemos los conceptos relacionados con los colores después de que el ojo termine de desarrollarse y adaptarse a la luz.

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