MagR, la proteína que sirve de brújula a los humanos

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La orientación está en la mirada

Algunos animales se desplazan cientos de kilómetros, e incluso miles, en sus migraciones: una especie de tortuga marina recorre 12.000km, las ballenas jorobadas 17.000, las mariposas monarca 8.000 y las golondrinas de mar (Sterna paradisaea) casi 70.000 km, ¡de polo a polo ida y vuelta! ¿Te has parado a pensar cómo son capaces de hacer esto? ¿de qué depende la orientación de los animales?

Para poder guiarse en estos largos viajes los animales recurren a una especie de “brújula” biológica sensible  a las variaciones en el campo magnético terrestre. Pero esto tampoco es fácil, ya que el campo magnético terrestre puede verse alterado por las corrientes eléctricas de la propia tierra, producidas por las las tormentas magnéticas por llamaradas solares y, también, por los rayos de las tormentas.

Para poder percibir el campo magnético terrestre y utilizarlo como estímulo de orientación durante sus migraciones o desplazamientos más cortos, los animales necesitan hacer uso de una extrema sensibilidad. Algunos experimentos revelan que es más fácil orientarse durante la noche, cuando el campo magnético es más estable. Los científicos también creen que determinadas especies poseen dos sistemas de magneto-recepción con receptores independientes y diferentes mecanismos fisiológicos subyacentes.

¿Podría el sentido de la orientación estar en una proteína del ojo?

De acuerdo con un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Pekin, dirigido por Can Xie, la orientación electromagnética podía deberse a una proteína que se encuentra en la retina y que juega un papel determinante en la captación del campo magnético.

Hasta ahora, el mecanismo molecular de magneto-recepción, no tenía muchas explicaciones. Investigaciones previas habían señalado que estaba relacionado unas proteínas sensibles a campos magnéticos llamadas “criptocromos”, o “Cry” . Sin embargo, según Xie, las proteínas Cry por sí solas no pueden actuar como una brújula, porque no pueden detectar la polaridad (orientación norte-sur) de los campos magnéticos. Al parecer, investigando estas proteínas en la mosca de la fruta, Xie descubrió que las proteínas Cry pueden interactuar la proteína CG8198, que contiene átomos de hierro y azufre, y está implicada en los ritmos circadianos de este insecto. Según su teoría, ambas proteínas, al unirse, forman  un “aguja” diminuta capaz de orientarse en  un campo magnético débil y determinar la orientación del animal. Esta unión de proteínas, presente en la retina del ojo y sensible a la luz, fue bautizada por Xie como MagR.

Los investigadores de Pekin afirmaron también que la proteína MagR tiene una fuerte presencia en algunos animales como las palomas, las ratas o las ballenas. De acuerdo con su hipótesis, cuando el animal se mueve, la proteína MagR percibe la dirección y la intensidad del campo magnético y transmite al cerebro la información que necesita para orientarse.

También según Xie, la MagR está presente en los seres humanos, aunque en menor medida. Según los autores del estudio: “Es complicado entender el sentido humano de la orientación. Es muy posible que el sentido magnético sea la respuesta de por qué algunas personas tienen un buen sentido de la orientación”. Si se confirma esta hipótesis, el “sentido magnético” del animal y los humanos, podría explicarse, por primera vez, a través de una base molecular.

Una investigación en sus inicios

Las afirmaciones de Xie han despertado una gran controversia en la comunidad científica. Nadie duda que los seres vivos puedan sentir las corrientes magnéticas en mayor o menor medida dependiendo de la especie (multitud de estudios lo confirman) y que esto les sirva para orientarse. Lo que se pone en tela de juicio es que lo hagan gracias a esta proteína-brújula presente en la retina que ha sido descubierta por Xie. La falta de un mecanismo exacto para detectar el complejo sistema de magnetismo de las proteínas y para saber cómo las señales que envía podrían ser procesadas por el cerebro, hace que los investigadores permanezcan escépticos.

El equipo de Xie defiende que la unión entre CG8198 y Cry se encuentra en las mismas células de las retinas de las palomas (sustentándose para ello en la hipótesis de que los pájaros tienen un fuerte centro de magneto-recepción). Xie espera que experimentos posteriores relacionados con este tema, como inactivar el gen MagR en ciertos tejidos de la mosca de la fruta y observar si afecta a su sentido de la orientación, apoyen y validen su teoría. Si su hipótesis se mantiene, supondría un paso adelante para desentrañar las bases moleculares de magnetoreception.

¿Tienes alguna anécdota relacionada con tu sentido de la orientación?, ¿nos la cuentas?

 

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