Ajustando el reloj biológico: una cuestión de luz y temperatura

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Reloj biológico

Nuestro organismo se rige por un reloj biológico del que dependen los ciclos de sueño/vigilia, la temperatura del cuerpo, los procesos cognitivos y de memoria. Cuando este mecanismo no funciona adecuadamente, aumenta el riesgo de sufrir problemas de concentración, cansancio crónico, malestar general o cambios de humor. La luz azul-turquesa, tiene un papel fundamental en la regulación del reloj biológico. Además, está relacionada con el reflejo de constricción pupilar, que protege a los ojos frente al exceso de luz, y es importante para la correcta percepción de los colores y para tener una buena agudeza visual. Sin embargo, la luz azul-violeta resulta perjudicial para los ojos, ya que acelera la muerte de las células fotorreceptoras de la retina. Si quieres saber más sobre la luz azul buena y mala, lee nuestro post.

De acuerdo con el estudio de un grupo de científicos de la London´s Global University (UCL), el reloj biológico puede dejar de trabajar correctamente cuando la luz y los niveles de temperatura no están sincronizados. Es decir, cuando la temperatura baja durante las horas de luz o sube durante las horas de oscuridad.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores examinaron los niveles de actividad de la mosca de la fruta en diferentes momentos de un ciclo “natural”, de 12 horas de luz y calor y 12 horas de oscuridad y frío, y de otro “artificial”, en el que los ciclos de luz seguían una duración “natural” de 12 horas, y los de temperatura tenían una duración “artificial” de 2 a 10 horas.

  • Cuando estaban expuestas al ciclo natural, las moscas se volvían cada vez más activas a lo largo de las 12 horas de luz del día, mostrando un pico de actividad por la noche, antes de que los niveles de luz y temperatura disminuyeran.
  • Sin embargo, cuando estaban expuestas a un desfase de seis horas entre la temperatura y la luz, las moscas sólo estaban activas cuando había luz y el frío era ligero. Además, no presentaban picos de actividad, simplemente una meseta de actividad moderada.

Cuando el desfase temporal entre luz y temperatura era pequeño, el efecto sobre el reloj biológico era relativamente bajo. Sin embargo, cuando el desfase era grande, el reloj biológico se regía por la luz.

Tal y como explica Ross Harper, líder del estudio: “El reloj biológico ha evolucionado de forma natural, lo que significa que funciona mejor en condiciones naturales. En la naturaleza, los cambios de la luz solar producen cambios en la temperatura, y ambos se utilizan para percibir el paso del tiempo. Los intervalos de tiempo entre luz y temperatura varían de manera natural, por lo que el reloj puede calcular una media cuando varían siguiendo ciclos temporales más cortos. Sin embargo, cuando existen diferencias muy grandes, como un pico de calor a medianoche, el sistema ignora la temperatura, puesto que es un indicador demasiado breve y, por tanto, poco fiable. Cuando el reloj no puede combinar las señales de ninguna manera, pero tampoco puede ignorarlas, se puede desajustar”. Dado que los mamíferos (y eso incluye a los humanos), están sujetos a restricciones evolutivas, es muy probable que nuestros relojes biológicos funcionen de una manera similar”. No obstante, los investigadores señalan que, a diferencia de los insectos, el organismo de los humanos cuenta con sistemas de autorregulación de la temperatura corporal. Señalan, además, que no está claro cómo las temperaturas internas y externas se relacionan entre sí y con el reloj del cuerpo, por lo que se necesitan más investigaciones para definir mejor sus contribuciones relativas en los seres humanos.

“La luz es un factor determinante y muy conocido en el funcionamiento del reloj biológico. Pero, hasta el momento, no se había considerado que otros factores, como la temperatura, influyeran en el mismo. Estudios recientes han demostrado que el ritmo diario de la temperatura corporal es importante para poner en hora el reloj biológico. Nuestro trabajo sugiere que la descoordinación entre luz y temperatura puede desempeñar también un papel clave. La exposición artificial a las fuentes de luz y los patrones irregulares de sueño y vigilia, como los trabajos por turnos, son responsables de la interrupción del reloj biológico. Los aires acondicionados y la calefacción central, también pueden influir”, explica Joerg T Albert (UCL Ear institute), coautor del trabajo.

Según Ralf Stanewsky (UCL Cell & Developmental Biology) “La vida moderna implica el control artificial de muchos aspectos de nuestro medio ambiente. Las condiciones naturales probablemente benefician más a nuestros relojes corporales. Hay maneras simples de imitar condiciones naturales, tales como tener el dormitorio a temperaturas más bajas y conseguir tanta luz por la mañana como sea posible. Las personas que se sienten muy afectadas por estas variaciones deben evitar el café y las bebidas energéticas, beber menos alcohol, evitar comer o hacer ejercicio por la noche, y regular los horarios de sueño. El objetivo debe ser dormir bien y despertarse de una forma natural por las mañanas, sin necesitar despertador. El reloj del cuerpo es importante, y la interrupción de sus ciclos puede causar no sólo problemas para dormir sino también ciertos trastornos psiquiátricos y cognitivos”.

¿Sientes cansancio crónico o dificultades para concentrarte? ¿crees que tus circunstancias vitales han descoordinado tu reloj biológico?

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