Visión espacial en niños, lenguaje y matemáticas

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Visión espacial

En los primeros años de vida, el niño aprende a interpretar el espacio que le rodea. Para ello, tiene que integrar un montón de información visual sobre dónde se ubican las cosas en el espacio (encima, debajo, etc.), la distancia que hay entre ellas (cerca, lejos…), si están o no en movimiento y, si es así, hacia dónde se dirigen (izquierda, derecha…) y a qué velocidad se desplazan (rápida, lenta…). Este importante logro cognoscitivo que se adquiere a lo largo del desarrollo, es fundamental para que el niño construya el concepto que tiene de sí mismo, ayudándole a saber cuál es su ubicación en el mundo.

  • El niño necesita comprender el entorno que le rodea para saber dónde colocarse relación con un amigo, cómo rotar las piezas de un puzle para hacerlas encajar y, también, para ser capaz de evocar un mapa mental del parque.

La visión espacial es también muy importante para la adquisición de otros conocimientos. Tal y como explica en su estudio Hilary Miller, investigadora experta en desarrollo infantil de la Universidad de Wisconsin-Madison “Los niños con una buena visión espacial tienen más probabilidades de comprender con facilidad las matemáticas y, también, de estudiar carreras de ciencia, tecnología e ingeniería. Es fundamental, por tanto, investigar de qué manera se podrían mejorar las habilidades espaciales a una temprana edad”.

Para estudiar la manera en la que los niños de 4 años utilizan el lenguaje para describir sus relaciones espaciales, Miller trabaja en colaboración con la profesora de psicología Vanessa Simmering y el profesor de psicología educativa Haley Vlach. Según la investigadora, no se trata de cuantificar las palabras relacionadas con este tema que sabe el niño, sino de analizar la manera en la que las utiliza para así, saber su concepto del espacio. “A esa edad, ya han podido aprender palabras que los adultos utilizan a menudo para describir localizaciones, como “arriba” y “abajo”. Pero sólo saber las palabras no es suficiente, tienen que usarlas de forma eficaz y útil”. Miller sostiene que los niños en edad preescolar suelen omitir palabras de localización y apoyarse en otra información relevante para describir detalles espaciales importantes.

Para llevar a cabo sus investigaciones, Miller mostró a varios niños una serie de imágenes en las que aparecía un ratón en diferentes lugares que iba cambiando su ubicación en los mismos, así como su tamaño y color. Posteriormente y pidió a los niños que describieran la ubicación del ratón. “Describen dónde está el ratón diciendo: “Está en la mesa grande” o “en la caja marrón”. Esas palabras de tamaño y color no son términos espaciales, pero en el contexto de la imagen que están viendo son realmente útiles”.

Visión espacial

Mientras que investigaciones previas habían juzgado a menudo habilidades espaciales de los niños basadas, al menos, en el número de palabras relacionadas con el espacio que ellos sabían, Miller centró su estudio en datos que no se veían limitados por el vocabulario sobre conceptos de espacio o de tamaño. “Creemos que esta información es la que evidencia las habilidades espaciales y no la capacidad de decir palabras en particular”.

Los padres: los mejores profesores del espacio

Los niños aprenden el lenguaje escuchando su uso y, por eso, los adultos pueden ayudarles a desarrollar herramientas necesarias para que construyan sus habilidades espaciales. “Es importante que los padres sean conscientes de lo útil que es su lenguaje espacial. Cuanto más diversas y relevantes sean las palabras que los niños escuchen, más facilidad tendrán para hacer conexiones útiles con el lenguaje.

Así, por ejemplo, mientras que lo más habitual sería señalar y decir “Ahí están tus zapatos”, es mejor hacer una descripción más específica como, por ejemplo: “Tus zapatos están sobre la alfombra roja. De esta forma, se favorece en el niño la adquisición de habilidades espaciales.

¿Has puesto a prueba las habilidades espaciales de tu hijo? ¿nos cuentas qué tal ha ido?

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