Ilusiones y efectos ópticos ¿los sentidos nos engañan?

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ilusiones ópticas

En muchas ocasiones habrás escuchado que los sentidos nos engañan, pero ¿qué significa esto exactamente? Y, si es así, ¿de qué forma lo hacen? Para responder a estas preguntas debemos preguntarnos primero qué son las ilusiones, o efectos ópticos, y cómo están relacionados con el funcionamiento de nuestro cerebro.

Qué son los efectos ópticos

Sabemos que las ilusiones ópticas van más allá de un efecto de nuestra vista, ya que también nos engaña el cerebro. Esto se debe a que cuando nuestros ojos envían una información algo contradictoria al cerebro, este no sabe cómo actuar y decide ofrecernos la solución más lógica. Estas ilusiones se crean a partir de modificaciones de elementos que son comunes en nuestro entorno y que hacen que el cerebro no sea capaz de comprender la información que recibe de los ojos al no considerarla lógica. Eso genera multitud de sensaciones y reacciones distintas y particulares para cada persona, ya que son muchas las formas en que las captamos y aprehendemos cada uno.

Tipos de ilusiones ópticas

Como su propio nombre indica, estas ilusiones son de tipo visual, de forma que es la vista la única capaz de conocer y reconocer estas ilusiones, que son de muy diversos tipos, aunque podríamos separarlas en dos principales:

1. Ilusiones que dependen de una alteración física. Aquí la imagen que vemos queda alterada mediante parámetros como color, luz, oscuridad o brillo. Podemos poner como ejemplo cuando vemos una imagen con una luz concreta que hace que nuestros ojos la perciban como si fuera una luz divina.

2. Las ilusiones que están vinculadas con nuestra experiencia previa y nuestro conocimiento del entorno y la realidad. Estas hacen referencia a cuando vemos una imagen que no nos resulta verídica o correcta si la comparamos con la realidad conocida. En este caso, una de las más comunes es la representación de la escalera infinita, en la que no somos capaces de discernir si se dispone hacia arriba o hacia abajo, ya que el propio espacio también está alterado en función de la gravedad.

También puedes ver ejemplos de ilusiones ópticas en el mundo del arte, ya que son muchos los pintores y artistas que recurren a ellas para jugar con nuestros sentidos y engañarnos a través de ellos; incluso en la psicología, geometría y otras disciplinas se utilizan imágenes previamente modificadas para retarnos. También es posible que algunas personas puedan tener ilusiones ópticas de forma involuntaria, provocadas sobre todo por alteraciones mentales que puedan sufrir; el ejemplo más ilustrativo es el llamado espejismo, que tantas veces habrás visto en películas y fotografías, por ejemplo en el desierto.

Orígenes y evolución de las ilusiones ópticas

Este engaño de nuestro sistema visual es tan antiguo como el ser humano. Como curiosidades sabemos que, ya en la antigua Grecia, el propio Aristóteles notó que al mirar una cascada y apartar la vista después hacia las rocas, estas parecían moverse, pero en sentido contrario a la dirección del agua de la cascada. Pues bien, hoy en día esta ilusión que percibió Aristóteles se conoce como secuela de movimiento y viene a confirmarnos que los sentidos suelen engañarnos. Más adelante, la ciencia sintió la necesidad de estudiar y analizar estos fenómenos y, en el siglo XIX, hubo grandes avances al respecto que vinieron a revelar cómo nuestro cerebro busca rápidamente sacar conclusiones sobre la información que recibe por segundo. Es el caso de la ilusión de Ebbinghaus, donde nos engaña con el tamaño de objetos si los relacionamos con otros adyacentes. También ocurre con las líneas diagonales, que nos engañan al crearnos erróneamente la imagen de perspectiva, ya que es la forma que tiene nuestro cerebro de orientarse en un espacio tridimensional.

Podemos decir que no se consiguieron alcanzar teorías unificadas sobre este tema, aunque sí hemos encontrado hallazgos de gran interés relacionados con nuestra percepción, como que algunas neuronas situadas en la corteza visual del cerebro son automáticamente activadas únicamente cuando tenemos delante objetos que están orientados en ciertos ángulos, por ejemplo cuando vemos un triángulo, algo que está directamente relacionado con nuestra forma de percibir la proporción y el espacio de los objetos.

Gracias a tecnologías como la resonancia magnética, los investigadores han conseguido analizar el comportamiento de nuestras neuronas ante estas ilusiones. Según un estudio donde distintas personas contemplaban el cubo Necker nuestro cerebro cambia entre dos interpretaciones posibles de una misma imagen cuando intenta convertir un dibujo en dos dimensiones a un cubo tridimensional. Aunque todavía no comprendemos completamente cómo funciona, sí sabemos que nuestro cerebro es capaz de manejar aspectos como color, textura, forma o movimiento mediante áreas distintas y es capaz de combinar esa información y darle sentido, pero no es capaz de procesar toda la información que recibe, por lo que suele tomar atajos tomando aquella interpretación que le parece más lógica. Este es el motivo por el que sentimos que nos engañan nuestros ojos.


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